Lavatrail 2014

“A veces sientes que no te quedan fuerzas para luchar
A veces, sientes que hasta tu propio corazón se desvanece
Porque ese gran dolor inunda toda tu alma…
Y bajas los brazos y te preguntas… ¿hasta cuándo podré resistir? ”
10006201_550628221716670_2026739447590994712_n (1)Este fragmento de la canción “You are not alone” de Robert Ramírez entró por mis oídos dirección a mi cerebro allá por el kilómetro 17, bajando por los Ajaches cuando ya la gasolina estaba llegando a su fin, y sobre la marcha hice mía la letra para conseguir la motivación que me faltaba para no bajar el ritmo y poder alcanzar la meta. La segunda parte de este tema fue, sin duda, la que consiguió el objetivo, pero antes de esto habían pasado ya muchas cosas…

971220_10201946125391691_7069542685044186528_nA eso de las 9:30 de la mañana me dirigía hacía la salida situada en la Bodega Rubicón por un paisaje tan místico como puede ser el de la Geria. Miles de viñedos mezclados entre piedras volcánicas y azotados por el primer sol de la mañana concretaban una estampa digna de cualquier película romántica.  Ya la noche anterior había asistido al breafing en el Sands Beach, en el cuál, como no podía ser de otra manera, comunicaron que habían cambiado el recorrido de casi todas las distancias a última hora, por lo que la salida, que ya habíamos entrenado en un par de ocasiones, se convertía en una sorpresa. Pero bueno, al inscribirme en una carrera como esta ya sabía que estaba expuesto a este tipo de contratiempos, así que para qué enfadarse… Tras el breafing, una escueta pero suficiente cena en compañía de varios corredores como mi compañero Jose, su cuñado René y sus parejas, nos hizo irnos a la cama con el corazón contento.

IMG_4644Al llegar a la Bodega me encuentro ya con mis amigos Jose y Miguel, con los que me hago unas fotos para inmortalizar aquel momento tan rebosado de nervios. Parece mentira, pero todavía notaba los cuadriceps cargados de los 25 kms de asfalto del lunes y sabía que eso iba a ser un contratiempo para la carrera. A las 10:30 dan la salida, bajo un calor importante que ya daba señales de lo que iba a azotar después. Intento salir rápido, y tras unos escasos metros de asfalto en bajada, llega el ascenso en picón de unos 14000 metros. Lo hago siempre corriendo en compañía de Miguel y ya desde este momento las pulsaciones se me suben bastante pero no dejo de correr. Llegamos arriba y los dos pensamos lo mismo: que pena que hayan quitado del recorrido el descenso sobre picón muy divertido que estaba en la salida original que habíamos entrenado.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=PPITujWOmo8&feature=youtu.be]

Video del ambiente que reinaba antes de dar la salida en la bodega Rubicon

IMG_4641Tras el ascenso llegaron tres kilómetros muy rápidos que hicimos a una media de 4:10 o 4:20, ritmos estos que no permitieron que las pulsaciones bajaran en ningún momento. Dejamos atrás el sendero y llegamos a Uga, en donde se encuentra el primer punto de avituallamiento en el que no paramos puesto que íbamos bien de líquidos aún. El paso de los camellos nos condujo al tramo más técnico de toda la carrera, la subida a las antenas de Femés. En los entrenamientos habíamos conseguido subirla corriendo en todo momento, pero en carrera, la salida tan rápida y el calor que ya reinaba nos obligaron a caminar. A pesar de ello, conseguimos dar alcance a un grupo de corredores al que la salida les estaba pasando más factura aún que a nosotros.

Y como suele pasar en la montaña, la recompensa de un sufrido ascenso es una divertida bajada. Y si, en ese tramo disfruté como un niño… para mi la esencia del trail es el descenso y cada vez que me toca uno acostumbro a gozar, intentando no cargarme mucho muscularmente. Llegamos al pueblo de Femés y allí estaba situado el segundo avituallamiento. Recargamos líquidos y comemos fruta.  Allí veo a mi amigo Román fatigado y asistido por los voluntarios, pero muy mal no debía de estar porque luego me dijo que volvió a arrancar  y llego cuarto de la modalidad Maratón.

Y es en este punto donde, lamentablemente, me separo de Miguel. Los tramos que compartí con él se hicieron mucho más llevaderos dada la grata compañía…. por lo que al calor, a la rápida salida y a mis cuadriceps castigados se les unió el efecto soledad, tan habitual en este mundillo. Así, decidí enchufarme el MP3 para ver si encontraba remedio a este último factor y, la verdad, me funcionó, aunque influyó también que Los Ajaches, es un tramo que a mi me gusta mucho porque es muy estrecho,  técnico y rápido. Sin embargo, al terminarlo ya venía fundido y sabía que me esperaba la zona más aburrida del recorrido por lo que empecé a venirme abajo. Fue entonces donde entró en escena  la canción con la que empecé esta crónica, que terminaba así:

” … Pero deberías saber que el final de esta historia todavía no está escrito
Deberías saber que siempre hay una luz al otro lado de la pared
Cuando te quieras rendir, cuando pienses que todo ha terminado
Déjame que me acerque, déjame que te diga algo, aquí, al oido
¡No estás solo! … ”

Pues no, no estoy solo, tengo la música y este es, por si solo, un elemento motivador como pocos otros existen. Ya en el km 20, paré para tomarme el último gel y bastante agua con el fin de no deshidratarme… y me vino genial. Entre el gel y la música conseguí completar los últimos 7 kms a un buen ritmo y adelantar a unos 7 u 8 corredores. Tras el paso desolador por la paradisíaca playa de Papagayo llegué a la avenida y me dí cuenta de que tenía un corredor detrás siguiendo mis pasos. Aumenté el ritmo para que no me cogiera pero no me pude despegar de él y, ya en la recta final, esprinté para no perder la posición. Pero mi cuerpo no entendió ese cambio de ritmo y se decidió a vomitar el último trago de agua que había tomado. Eso sí, me esperó hasta que cruzara la meta y fue allí donde tuve tan amarga experiencia (y encima al final resulté adelantado). Los chicos de la Cruz Roja, alarmados al verme, me prepararon una silla de ruedas y me llevaron al hospitalito para tomarme la tensión. Por más que insistí en que era algo pasajero no me hicieron caso y no me dejaron levantarme… No pasó de ser una anécdota y la tensión estaba en su sitio por lo que me dejaron ir a la piscina sin problemas.

Al final, puesto 20 de la general y 9 de mi categoría con un crono de 2 horas y 40 minutos. Lo que más me llama la atención es que me salió una media de pulsaciones de 171 ppm, cuando yo sólo suelo llegar a esta barrera en las series y resulta que esa mañana estuve casi tres horas con esa media sin caer desplomado….Esto creo que habla bien de las series largas que estoy haciendo. Una sesión de masajes y el almuerzo proporcionado por el hotel Papagayo Arena hicieron que mi cuerpo me perdonara la jugarreta que le hice al final de la carrera, pero no sabe que seguiré castigándolo hasta el día 27, cuando llegue la maratón de Madrid…y allí estaré con mi MP3!!!

 

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