Gran Canaria Maratón 2014

IMG_4358 .- Es difícil describir y convertir en palabras las sensaciones que albergo desde que ayer por la mañana, a eso de las 11:30, cruzara la línea de meta en la calle Venegas junto a Nauta. Difícil de describir  porque hasta ahora siempre me había tomado las carreras como una oportunidad de superación personal y, en cambio, ayer tenía esa misma sensación, la de superación, pero con la diferencia de que no era  yo quien tenía que alcanzar una meta, sino ella. Era una historia en la que el éxito ajeno se convertía en propio y en la que el fracaso ajeno se hubiera convertido, aún en mayor medida, también en el mio.

.- No se si existe este término pero se podría describir como orgullo ajeno, (entendido como el antónimo de vergüenza ajena), puesto que sientes orgullo de lo que ves, más aún sabiendo que formas parte de una manera especial en ese éxito. Sabes que el momento de atravesar la meta, fugaz a la vez que transcendental, es sólo la guinda de un pastel cuyos ingredientes son las horas de esfuerzo, las preguntas sin responder (¿Por qué salgo a correr hoy cuando me puedo quedar en el sillón comiendo chocolate?? ) y los miedos más que justificados,(aunque en esta ocasión murieron en el mismo momento que empezamos a correr y no volvieron a hacer acto de presencia).

.- Todo empezó cuando meses atrás, junto a Mario y Anabel, otra pareja de amigos también corredores, decidimos correr una media maratón en La Graciosa el día 22 de febrero, distancia a la que Nauta nunca se había enfrentado. Para complicarlo aún más, en algún mes posterior a la primera decisión nos aventuramos a apuntarnos a otra media maratón que se disputaba un mes antes, el 26 de enero en mi ciudad natal, Las Palmas de Gran Canaria. Esta ultima decisión se empezó a fraguar tras ver un magnífico reportaje de la Maratón de Segovia, en el cuál se afianzó mi idea de que un maratón es la mejor manera de utilizar el deporte para conocer los mejores rincones de algún lugar, conectando de esta manera dos excelentes aficiones como los viajes y el running. Por suerte, a Nauta también le parecieron aceptables mis filantrópicos pensamientos y aceptó de buena gana mi proposición. Y que mejor manera para empezar con este tipo de turismo que por la que ya es la sexta mejor carrera de España, la Maratón de Gran Canaria (con que orgullo digo esto…).

Imagen   .-  Con estas intenciones, viajamos a Gran Canaria desde el jueves,  instalándonos en el anexo que Mario, muy amablemente, nos había preparado en la puerta contigua a la de su propia casa. Al día siguiente llegó a la isla la corredora que faltaba del ya bautizado equipo, Contramajo Trail, Anabel. Con ellos transcurrieron muy rápidos los días previos a la carrera entre vinos, risas y preparaciones para la cita. El sábado fuimos a recoger el dorsal aprovechando que queríamos ver la carrera de niños en la que participaba mi sobrino Oskar, lo cuál también me lleno de orgullo y de tranquilidad al saber que no soy el único loco de la familia al que le gusta este deporte tan ingrato (la verdad es que tiene sólo 6 años y fue medio obligado por el colegio pero eso da igual…). La bolsa del corredor es un poco decepcionante con una camiseta y una bolsa de basura en forma de mochila.

.- El domingo amaneció pronto para nosotros ya que desde las 05:00  estábamos despiertos y sin poder dormir más. Desayuno normal y traslado a la city. Desde el teatro Pérez Galdós ya se ven las camisetas amarillas fluorescentes de la carrera y se puede respirar su ambiente en cada esquina. No en vano, eran 6000 almas las que iban a participar y se notaba sobre todo en las dificultades para aparcar, aún yendo con una hora de antelación. Una vez allí, nos refugiamos para no mojarnos con alguna gota que cayó y que hacia presagiar frío, lo cuál nunca pasó. Durante media hora pudimos observar el desfile incesante de corredores de todas las edades, sexo y nacionalidades. Algunos disfrazados, otros ataviados con las prendas de sus equipos y algún otro cuya ropa hacía pensar que se había equivocado de sitio. Guardamos el bolso en el guardarropa y nos vamos a la salida, acompañados esta vez por un sol que empezaba a salir y a ofrecer un escenario ideal. Obviamente, y siendo realistas con nuestras posibilidades, nos ponemos en el grupo trasero y esto hace que transcurran 2:40 minutos desde que dieron la salida hasta que cruzamos el arco. Personalmente, voy ensimismado con las calles y edificios, que tantos recuerdos me traen. Atravesamos Luis Doreste Silva y, subiendo por Juan XXIII, llegamos hasta la Avenida Martítima en donde compartimos carril con los coches hasta llegar al Centro Comercial El Muelle. Hasta ahora veo a Nauta bien, quejándose de algún flato que otro pero aguantando un buen ritmo de 6:30. Toca atravesar el Puerto de Las Palmas casi por completo y es aquí donde Mario y Anabel, que van muy bien, empiezan a abrir brecha un kilómetro antes de llegar a Luis Morote. Ellos tienen como objetivo bajar el tiempo de la última media que habían hecho, y al final también lo consiguieron.

.- Empiezo a ver que Nauta empieza a sufrir, condicionada por una ingesta apresurada y excesiva de agua que no le sentó bien. Además el calor empieza a ser mayor y, aunque es bastante llevable, se empieza a notar cuando no hay sombra en la que refugiarse. Le hablo mucho para que no piense en el cansancio contándole historias relacionadas con los sitios por los que pasamos y parece que funciona. Tras pasar por Luis Morote, afrontamos la calle Sagasta hasta el final de esta, que es en la Puntilla, para de, este modo, atravesar en toda su extensión la maravillosa Playa de las Canteras. En el kilómetro 10 situado en Playa Chica, a la vera del famoso local de perritos calientes, reponemos líquidos en el segundo avituallamiento y le ofrezco a Nauta el primer gel para que se le haga más llevadera la segunda parte de la prueba en la que, lógicamente, el sufrimiento empieza a aumentar a cada kilómetro. Hasta ahora los tiempos son los esperados y no hay ningún motivo de preocupación aparente. Seguimos por Las Canteras hasta llegar al Auditorio Alfredo Kraus, con el que finalizan las vistas a la playa. Pienso que parece mentira que hace poco más de una hora estuviésemos en la otra parte de la ciudad, pero asi es. Damos la vuelta por el Parque de la Música y bordeamos el Centro Comercial Las Arenas hasta llegar a la Calle Castillejos que, a su vez, desemboca en la Avenida Mesa y López. Esta Avenida es un lujo porque nos ofrece casi un kilómetro de bajada y  hay mucho publico animando, lo que provoca que mantengamos los ritmos establecidos sin mayor dificultad. Nauta tiene muy buena cara y las famosas tiendas de esta calle le deben hacer sentir ganas de parar un poquito y entrar a las rebajas, pero ese no es el objetivo hoy….

.- Terminado Mesa y López empieza la calle León y Castillo, por lo que ya entramos en el tramo final porque ya vamos en dirección a la meta, o por lo menos eso digo yo para animar. Es una recta muy larga,(la calle tiene más de 400 números) sólo interrumpida por un paseo por el barrio de las Alcaravaneras, en el cuál crecí y por cuyas calles me recorre un sentimiento inequívoco de nostalgia, incrementado en mayor medida cuando pasamos por delante de la casa en la que me crié y en la que todavía vive mi madre. Atravesamos el km 15 en plena calle Luis Antúnez y volvemos a reponer líquidos y alguna que otra fruta para afrontar el último tramo de la carrera. Se hace más pesado por la monotonía de la citada calle, aunque también había bastante gente animando, sobre todo, a su paso por la Plaza de la Feria. En este punto ya sólo quedan 3,5 kms, por lo que aprovecho para darle a Nauta un último gel para los últimos kms., el cuál parece que le va bastante bien puesto que no se queja de nada.

.- Por fin acabamos esta calle y nos metemos en otra bastante emblemática, Triana, por la cuál subimos a la Alameda de Colón y cruzamos la Carretera de Tafira hasta la Catedral. En este punto la superficie adoquinada produce más de una queja entre los corredores y a  Nauta le empiezan a pesar las piernas y a dar calambres, pero la cercanía de la meta y los ánimos de la gente le dan el  impulso necesario para continuar. Tras atravesar la Calle Mendizábal, testigo habitual de la noche fiestera de Vegueta, nos volvemos a meter en Triana. Curiosamente vamos adelantando a gente que se ha decidido a caminar y a otros que por estar haciendo la distancia maratón van a un ritmo menor que les permita acabar. Nos cruzamos de frente con el primer corredor de esta distancia, el irlandés Eoin Flynn, con el séquito de motos y coches que lo preceden y percibo que tendremos el “honor” de no ser doblados por él. Para acabar bordeamos el Parque San Telmo y volvemos a la calle Venegas para ya ver a lo lejos el arco de meta. Los últimos metros se hacen solos, embargados de emoción por el reto conseguido y llevados en volandas por el numeroso público que se ha desplazado hasta ese punto y que esperaba animoso la llegada del ganador de la prueba reina, la maratón.

.- Atravesamos por fin la línea de meta en 2:23 horas con la satisfacción de haber conseguido el objetivo pero nos vemos inmersos en un caos de gente pululando y desorientados todos por la falta de información de la organización, que no especificaba cuales eran los pasos a seguir una vez que llegabas y no indicaba de manera precisa qué se facilitaba en cada stand. Para mayor desilusión ya no quedaban medallas de 21 kms y tuvimos que conformarnos con las de 10 kms. Aun así, y gracias a la colaboración, del resto de corredores localizamos los puestos en los que se repartían las comidas y bebidas y en el que, al entregar el chip, te regalaban la camiseta finisher acreditativa.

.- En resumen, para mí una nueva carrera que tachar de la lista pero muy especial por ser la primera carrera de una distancia considerable que puedo compartir con Nauta, cuyo logro, basado en el esfuerzo por superarse, me recuerda, una vez más, que toda persona que se proponga una meta en este deporte la puede alcanzar, sólo la separan de ella unos cuantos entrenamientos de más… ¿¿Cuál será su siguiente meta??

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