Desafio Octava Isla 2015 (Triatlón Cross Individual): El valor del conjunto

1-DSC_0086Por cuarto año consecutivo he tenido la suerte de participar en el Desafio Octava Isla. Esta vez me he decantado por la opción  “triatlón cross”  aunque esta edición ha tenido un carácter especial para mi ya que he contado con la compañía de mi hermano, el cual, a pesar de estar en buena forma, no había disputado nunca ninguna prueba de este tipo. Esta prueba se ha disputado con dos meses de retraso, puesto que inicialmente estaba prevista para el 21 de febrero, pero resultó suspendida por problemas meteorológicos.

Fue una lástima no poder haber llegado un poco antes el viernes para que los niños hubieran podido participar en el “Desafio Kids” y, de este modo, hacerlos un poco más cómplices de estas aventuras en las que se sumergen sus padres. Sin embargo, si que llegamos a tiempo para disfrutar de la ya tradicional cena previa a la carrera en el bar “El Veril”, donde pudimos disfrutar del marisco y el pescado típico del lugar.

Una vez nos despertamos el sábado tocaba desayunar revisando las rutas en los mapas aportados por la organización. El recorrido de la natación variaba respecto al del año anterior ya que suprimían el tramo que salía del muelle y además, ahora, los pantalanes nuevos provocaban que tuviéramos que hacer un trazado en Z para poder sortearlos. Ya con el desayuno ingerido me dirigí a los boxes para pasar el check-in y allí me encontré con mi hermano que ya había alquilado su bici y la tenía colocada en su cajón.

1-DSC_0093Parecía que todo iba muy bien para ser su primera vez, pero pronto la suerte quiso hacer acto de presencia mostrando su lado más amargo. Cuando ya teníamos todo preparado y nos dirigíamos hacia el muelle Nolo, mi susodicho hermano, le pegó una patada, tan dolorosa como involuntaria, a una piedra y se levantó la uña… Rápido nos dirigimos hacia el hospitalito a ver si le hacían un apaño y podía dejar de sangrar antes de la salida. Una vez remendado el dedo nos fuimos, ya con menos tranquilidad, hacia el muelle. Fotos de rigor con los gorros-condón, también con Miguel que no podía faltar a la cita, y hacia la rampa que tocaba pistoletazo.

1-DSC_0144Este año ya me conocía la rampa y no me iba a caer como el año pasado que casi me ahogo antes de empezar. Nos colocamos a un lado de la rampa y saltamos por un lateral del pelotón cuando se dio la salida. Aunque estaba más alejado de la muchedumbre si me di en repetidas ocasiones con un nadador que se empeñaba en coger el mismo “carril” que yo. Desde ese momento no volví  saber de Nolo hasta la playa, pero si que tenía como referencia en el agua a mi amigo Christian, que con un neopreno naranja fluorescente era fácil de detectar. Este año la natación se me hizo mucho más llevadera y, aunque no mejoré en mucho la pésima actuación del año pasado, si que salí con mucho más fuelle, aunque con tirones en los gemelos – lo normal para el  escaso entrenamiento en la materia que llevaba -. Finalmente completé los 1000 metros en 26 minutos, o lo que es lo mismo, una boya con corriente hubiera llegado antes.

1-DSC_0160-003Una vez que enfilo el pasillo de las bicis me alegro al ver a mi hermano que ya está casi preparado, por lo que deduzco que le ha salido bastante mejor que a mí la natación. Con escasas palabras acordamos que él vaya saliendo y que yo intentaré darle alcance con la bici. Me tomo la transición con bastante tranquilidad para que se me pasen los tirones y salgo con  bastante energía, sobre todo después de recibir de Nauta el agua fresquita que nos tenía preparada para la ocasión.

DSC_3993El segmento de la bici empezaba, tras salir del pueblo, con una pequeña ascensión de uno o dos kilómetros por la carretera que da acceso al otro pueblo de la isla, Pedro Barba. Me veo bastante bien y empiezo a recuperar posiciones. Al primero que doy alcance a Christian, que después me dijo que iba con la gasolina justita tras salir del océano, y poco después ya diviso a Nolo, con el cual ya me quedaría hasta la meta. Tras algún que otro inconveniente en la zona arenosa – o de jable como se dice en Lanzarote – cogemos una buena cadencia que nos permite no ser adelantados e , incluso, ganar alguna que otra posición.  Justo al llegar al pueblo ya vemos a la familia esperándonos para sacarnos fotos y animarnos, lo cuál hace que recarguemos mucha energía de cara al último segmento.

1-DSC_0192La carrera a pie era la parte de la prueba que más miedo nos daba ya que Nolo arrastraba una lesión en la rodilla que se le agravaba cuando corría, pero que esta vez, por fortuna, no quiso dejarse notar durante la carrera. Tras la transición, un poco lenta pero segura, enfilamos el camino del “Salao” que nos iba a llevar hasta la Playa de la Francesa, en donde estaba situado el punto de giro. Para ese entonces, a las 13:00 horas, el calor también se había apuntado a la fiesta y junto a la arena del camino hacían más pesada la zancada. Pero ya no había lugar para percances, por lo que conseguimos completar los seis kilómetros a un buen ritmo medio cercano a los 5:30.

Tocaba disfrutar del mejor momento del día, de la llegada. Allí estaban esperándonos, a la mitad del pasillo de entrada a meta, nuestros hijos para entrar con nosotros en la meta. Víctor echó a correr nada mas verme, pero Oskar y Paula, menos duchos en la materia, esperaron un poco más. Juntos, los cinco, cruzamos la línea de meta en un tiempo nada desdeñable de 2:18 horas. Pero ese día el tiempo pasaba a un segundo o, incluso, tercer plano.

1-DSC_0232Al igual que cuando he completado otras pruebas con Nauta, el hecho de poder compartir los kilómetros con alguien tan cercano le da un valor mucho más grande al logro de cruzar la meta. Y el hecho, además, de tener la ocasión de mostrarle desde dentro a mi propio hermano cuánto de vibrante pueden llegar a ser estas pruebas, después de habérselo intentado explicar con palabras en múltiples ocasiones, alcanza ya cotas de satisfacción indescriptibles. Espero que este sólo sea el comienzo de un duradero romance con este tipo de deportes y que la experiencia haya servido para introducirle  ese gusanillo en el cuerpo que ya me invadió a mi hace unos cuantos años y que, por ahora, sigue condicionando mi manera de vivir.

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